jueves, 17 de octubre de 2013

Crónica 2: EL COSTEÑO

“EL COSTEÑO”

De la familia de la universidad nacional de Medellín, no solo hacen parte los estudiantes, los administrativos y los docentes, sino también todas aquellas personas que honradamente se ganan la vida en los alrededores de la planta física y que la llenan de color y vida jornada tras jornada. Esta historia empieza un lunes tres de marzo del año 2009 con Manuel Eduardo Montoya Giraldo más conocido como “el costeño” del puesto de frutas de la UNALMED quien se encuentra en ese lugar hace nueve años vendiendo como dice él: “la piñita picada el vasito a mil pesitos con salecita, con limoncito, pimientica con sal, y la mielecita que no puede faltar para la niña la joven la dama el caballero y para usted por supuesto”.
A Manuel lo llena de orgullo las relaciones que ha logrado establecer con los estudiantes y administrativos, lo que considera un verdadero pago a los esfuerzos que día a día trae su oficio.
“yo me levanto a las cuatro e la mañana, salgo a las cinco a mercar, yo se escogé la piña que esté buena, que no esté maltratada, blandita, si es la papaya lo mismo. Después salgo pa otro local a busca el mango, a comprá el mango y la sandía y el coco, así es pue!”
Después de ubicarse en su lugar de trabajo, Manuel prepara lo que ofrece a las personas que buscan un desayuno nutritivo, antes de iniciar sus jornadas, pues es inevitable percibir el amor que le pone a su trabajo, es el que le da los resultados que permiten el ingreso económico para su sustento y el de sus hijos una niña y un niño, uno de ellos vive con él en Medellín, el otro con la mamá quien también vende frutas en la universidad del Quindío, pero es él quien debe pagar arriendo y dar plata para el sustento de los dos.

Contrario a lo que piensan muchos, Manuel llena de sabor las instalaciones de la universidad, incluso mientras los estudiantes descansan, este hombre pasa en su lugar de trabajo las vacaciones y lo único que varía son los ingresos, pues el sigue… “trabajando con el corazón” y asegura: “ese es el deseo, Sali adelante, pero la situación no se presta pa estar uno más cómodo que estar con la fruta, pa que mis hijos salga adelante con su estudio y cojan su carrera, que no estén en venta de ambulantes, sino que cuando ya terminen su carrera que estén con su buen trabajito.”

Medellín ocupa en el corazón de este hombre un gran espacio, y como no, si durante dos horas que puede observar a Manuel trabajando, no paraba de llegar gente y él de una manera extraordinaria picaba y preparaba a gran velocidad tolo lo que sus clientes pedían y pedían. Esta es la ciudad que le ha permitido mantenerse en los últimos nueve años y hoy tiene claro que para sus hijos tiene algo diferente que las ventas ambulantes.

El consolidarse como vendedor ambulante es la parte fácil de la tarea, lo que Manuel hizo realmente es poco y esto fue lo que me comentó cuando me acerqué a preguntarle cómo había logrado llegar y mantenerse tanto tiempo en el mismo lugar y no ir deambulando por todas las calles como muchos de los vendedores ambulantes: “llegué hablé con los que estaba ahí y me dijeron que si, entonces aquí no le dan permiso a uno, ni en la alcaldía ni aquí en la universidad, como ahora nos estamos reuniendo los vendedores antiguos para que nos dejen trabajar tranquilamente sin problemas, como diez, once vendedores antiguos, porque están llegando muchos vendedores nuevos y esos son los que nos dañan las ventas acá”
Pude examinar durante mi visita, que cansados de vivir con la zozobra de un desalojo, los vendedores ambulantes de los alrededores de la universidad Nacional de Medellín se han unido y se preparan unidos para defender lo que han construido, lo que les permite a ellos y a los suyos mantenerse.


Y así pues pase hoy dos interesantes horas de vida, conversando y conociendo la historia de este personaje que visito a diario para comer y deleitarme con sus deliciosas ensaladas, pero que jamás me había cuestionado todo lo que piensa y lo que le sucede en su diario trabajar. 

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