miércoles, 17 de abril de 2013

AUTOBIOGRAFÍA


“Recordar la llegada a este mundo y otear la huella dejada por nuestro caminar, es reencontrarse con uno mismo”

Y es que no solo nací un 6 de septiembre del año 1991, nací mucho tiempo atrás, desde que el amor logró unir a la mejor pareja del mundo, mis padres, desde que la vida formó a esas dos grandes personas que han sido un motor que nunca se detiene, porque es imposible nacer y ser sin estar infinitamente unido a esos seres maravillosos, casi mágicos que desde que conforman la familia nos hacen nacer, y así mis padres me hicieron nacer, inicialmente uniéndose y generando ya una armonía que de manera indirecta estaba incidiendo en mi formación, posteriormente con el nacimiento de mi hermano mayor, fueron aprendiendo la hermosa tarea de ser padres y ahora sí, aparezco yo como una diminuta partecita en el vientre de mi madre y a partir de este momento empiezo a crecer, a sentir, a escuchar, especialmente todas aquellas cosas, historias, risas, anécdotas y momentos especiales que vivía antes de llegar al mundo, fueron papá y mamá quienes desde antes de nacer, leían historias en diferentes idiomas, cuentos y fábulas, canciones e instrumentos y todo tipo de estimulación que logró aportar una granito de arena a lo que ahora tengo, lo que soy.

Llega el 6 de septiembre, como ya lo había mencionado y ahora si soy una persona un ser una mujer. Entonces canciones infantiles, música clásica, libros de cuentos, aventuras por el campo, juegos interesantes, y momentos únicos me unen día a día a mi padre, que desde muy pequeñita me ha enseñado las cosas maravillosas e interesantes, me ha enseñado la alegría de vivir, regalándome siempre un poco de su conocimiento, de su vida, de su aprendizaje, pero siempre llevando mis pasos como guía y acompañante. Y ni hablar de mi madre que siempre tenía de su tiempo para crear juegos diferentes, para construir historias y vivirlas día a día. De esta manera son ellos como aquella raíz de un gran árbol, el árbol de mi vida.

La ansiedad no se hacía esperar, una expectativa inmensa esa que a mis 5 años sentí. Y… es que quien no siente mil cosas el día que se despierta, y por primera vez va a ir a la escuela, pues así me sentía yo, todo listo, todo ordenado y: “¿ya nos vamos, ya nos vamos?” solo quería estar allí saber que era, saber quiénes eran y cómo eran esas personas que estaban en el colegio y sin duda alguna, mis padres junto a mi aquel inolvidable momento, mucha gente, fotos, uniforme, incomodo morral y estorbosa lonchera, pero yo, feliz.

Es pues una excelente, hermosa, respetuosa y dulce Hermana Bethlemita quien con todo su amor, interés y dedicación me enseño las primeras letras, las primeras palabras, los primeros trazos y números la Hermana Delia, como decimos jocosamente entre amigos, es quien enseño a leer y escribir en mi pueblo, a “medio pueblo” entre esos yo.
Y así con ayuda de maestros, compañeros, amigos, y mis padres sin duda alguna empezó esa hermosa aventura por el conocimiento, por las letras por las historias, por los cuentos y novelas, por las enciclopedias y ensayos, por las teorías y artículos y entonces todo generaba en mí, una expectativa y un goce frente a ese hermoso momento en el que se unías libros, tiempo y yo.

Es esta, una pequeña historia, un pequeño recordar esos momentos, lugares y personas que han influido, que han generado en mí un delicioso gusto por acercarme día a día a la lectura y es ahora el momento en el que gracias a todo esto las ramas de mi frondoso árbol siguen creciendo y ahora se dirigen a entregar y enseñar a muchas personas más esta experiencia encantadora con las letras para que sean muchas las personas que amen y disfruten el arte de leer y escribir.    

domingo, 14 de abril de 2013

ESTEREOTIPOS


En las películas tierra fría y Larry Flynt se puede visualizar claramente el tema de los estereotipos sociales,especialmente, los estereotipos femenimos dentro de una sociedad machista, es por esto que para este comentario he decidido publicar un poema de Lope de Vega que muestra los dos extremos de estereotipos que rodeaban a la mujer de aquel momento:


ES LA MUJER DEL HOMBRE...

Es la mujer del hombre lo más bueno,
            y locura decir que lo más malo,
            su vida suele ser y su regalo,
            su muerte suele ser y su veneno.
Cielo a los ojos cándido y sereno,
            que muchas veces al infierno igualo,
            por raro al mundo su valor señalo,
            por falso al hombre su rigor condeno.

                        Ella nos da su sangre, ella nos cría,
            no ha hecho el cielo cosa más ingrata;
            es un ángel, y a veces una arpía.

                        Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
            y es la mujer, al fin, como sangría,
            que a veces da salud y a veces mata.

Y… ¿todavía preguntas?




Y… ¿todavía preguntas?

Y todavía me preguntas ¿por qué quiero tanto a mis zapatos?, acaso no te has dado cuenta que los zapatos, son compañeros gratos que abraza día a día tus pies con fuerza y amor, zapatos bajos, zapatos altos, zapatos delgados y anchos, zapatos hermosos y muy ridículos, zapatos casuales, elegantes, extravagantes… yo, solo quiero a mis zapatos, esos que descansan toda la noche en mi ropero o a veces debajo del pantalón tendido en el suelo después de un tedioso y fatigado día. Y es que no hay nada más placentero que encajar el pie en esa perfecta medida, porque solo los zapatos que tanto has usado se ajustan tan cómodamente al pie y se convierten ya, en parte de ti.   

¿Zapatos nuevos?, para qué zapatos nuevos, si solo destrozan talones, martirizan callos y torturan dedos, si no sirven para patear el balón del niño que juega en la calle, tampoco para caminar en los charcos de un día frío y lluvioso, porque es imposible negarlo, siempre tememos ensuciar nuestros zapatos nuevos. Y ni hablar de las tiendas de zapatos en donde solo abundan las mentiras, pues los hay de muchos colores, tamaños y sabores, pero después de calzar muchos, nunca encontraras unos parecidos a esos zapatos que siempre has tenido.
En cambio mis zapatos, esos que tanto quiero, acompañan siempre mi caminar, no importa si hay polvo, agua, tierra, barro, piedras o si el camino es largo, solo me miran desde abajo y sonríen al sentir cada paso, pues ellos son capaces de convertir la tierra en su propio cielo y las grandes polvaredas en el más hermoso día nublado.

Los llevo a todas partes, al trabajo, al cine, al parque y como no tengo otros, también los llevo a los bailes, pero… se han gastado mis zapatos de tanto pasear con ellos por más que los cuide y acaricie con esmero, por más que les haga mantenimiento. Daría lo que fuera porque me acompañaran toda la vida, pues solo ellos acarician mis pies sin importar el camino, dirigen mis pasos y soportan las largas calles a veces calientes, a veces muy frías, expresan mi humor cuando de saltar de trata y cuando pisadas cautelosas en medio de una travesura tengo que dar, de aquí para allá de lugar en lugar, de caminata en caminata, junto a ellos la diversión nunca termina.

Pero ha llegado el momento y allí están ellos como todas las noches, en mi ropero, tristes por la despedida, porque saben que en su vejes han perdido el color, la fuerza y el brillo, no quiero despedirme de ellos, porque aunque muchos pienses que requieren ya un relevo, son solo esos lo que yo quiero, pues para mi están como prefiero, han sido mis fieles compañeros y aunque todo el mundo quiera, no me despediré de ellos, solo unos pequeños agujeros que  mandaré a reponer y quedarán como nuevos.

Y todavía preguntas que ¿por qué prefiero mis zapatos viejos?.

EL GRAN CONCIERTO





CONCIERTO EN BRANDENBURGO N° 1 
PRIMER MOVIMIENTO: ALLEGRO MODERATO- BACH

Todos los instrumentos juntos al compás de la melodía, cada uno con su voz y su esencia, pero todos a un mismo ritmo, porque el gran jefe así lo quería, el tiempo fue pasando y las cosas empezaron a cambiar, alguien decidió dar pie para que algunos de estos instrumentos empezaran a pasear por otras partes, por otros ritmos y melodías, entonces todo se empezó a transformar, tanto que apareció un nuevo ritmo mucho más alegre, mucho más fiesta, aunque con cierta exageración. Hasta que un día algo sucedió; de repente se abrió una gran puerta y detrás de ella un enorme camino, pero no era un camino de piedras, cemento o arena, ese camino eran las teclas de un enorme piano y junto a él las cuerdas del majestuoso contrabajo y el hermoso chelo, entonces, los violines, los oboes, el fagot y los cornos decidieron ingresar cogidos de las manos a aquel extraño camino el cual marcaba un tiempo que nunca se detenía y que nunca de allí los dejaría escapar. 

Trece compases, solo trece duraron los instrumentos cogidos de la mano, cuando de repente los violines deciden soltarse del grupo y empiezan a bailar y cantar mucho más fuerte y hermoso que los demás, pero unos segundos después regresan con sus compañeros y ahora los cornos son quienes se desprenden del grupo y tocan algunas melodías y notas para alegrar la marcha de todos los demás.

Todos vuelven a unir sus manos y danzar juntos pero a diferente compás, pues ahora lo hacen de forma circular aunque siempre cuidadosos pues saben que no pueden salirse de ese camino que piano, contrabajo y violonchelo marcan sin parar. y así transcurren compases y compases a veces juntos, una sola voz, a veces cada uno se roba el show y se convierte en el protagonista de la función; hasta que de repente el camino se empieza a agotar y todos juntos y unidos de las manos danzan alegres al mismo ritmo y compás, realizan entonces la venia final porque este momento acaba de finalizar, pero... el gran concierto continuará.     

AUTORETRATO

¡No hay abrigo más seguro que el de las palabras sabias, ni sentimiento más profundo que la música no convierta en melodía!

Sí, así nació mi marioneta.

Sí, era un trabajo aburrido y en una semana de vacaciones aún más, pero no había escapatoria, ni excusa alguna, simplemente esa marioneta debía estar terminada antes del domingo a las cinco de la tarde, que era el día que debía abandonar el pueblo y regresar a la ciudad.

Todos los días se esa semana (semana santa por cierto) despertaba con la idea de que ese sí sería el día perfecto para dedicarme a construir la marioneta, pero llegaba la noche y ni rastro de ella, ni siquiera los hilos estaban preparados para empezar con la elaboración. Y así pasaron lunes, martes, miércoles: salida con los amigos, almuerzos donde los vecinos, caminatas familiares, películas, juegos, libros por leer, en fin, toda clase de diversión y de marioneta... nada!

llega entonces el jueves santo y con él tíos, primos, abuelos y familia que como ya es costumbre pasan la semana santa en el pueblo, era imposible, entonces con tanta gente en casa intentar hacer la bendita marioneta. Y ni hablar del viernes santo, cuando ya pensando que se acababa el tiempo, por fin tenía sobre la mesa; papel, pinturas, hilos, madera y todo preparado, pero no pasaron dos minutos cuando en mi oído retumba el grito escandalizado de la típica abuela un viernes santo: "mija, guarde todo eso, como se le ocurre si es que hoy es pecado hacer esas cosas, camine mejor a rezar el viacrucis..." a rezar el viacrucis? y yo con marioneta a bordo?. Todo se empezó a complicar, el tiempo se agotaba y yo en la caminata del viacrucis; y es que después de cuatro sacrificadas horas de camino bajo un sol insoportable, quedaban ganas de todo, menos de sentarse a hacer una marioneta, que entre muchas otras rezones, no tenía ni una mínima idea de cómo la iba a hacer. Un día más y aún no había marioneta.

Y si de nombrar día a día se trata, les comento pues, que el sábado como el resto de días fue pasando, pero bueno al llegar la noche y con la preocupación que me mortificaba, decidí coger papel y lápiz y diseñar lo que sería mi marioneta y la manera como debía pegar los hilos para que ésta pareciera casi real. El domingo muy temprano me levanté aprovechando que todo el mundo dormía y... manos a la obra: corté el papel, y los palitos con los que la iba a manejar, pinté todo el cuerpo, pegué los ojos y esperé un momento. Cuando todo estaba seco, corté y pegué los hilos y así la marioneta empezó a cobrar vida, pero como es de esperarse, había un pequeño problema; el papel era muy liviano y por esto los hilos no quedaban bien estirados, solo se me ocurría que necesitaba un poco de plastilina para darle peso y lograr que no perdiera su forma, entonces se podrán imaginar un domingo ocho de la mañana y yo, por todo el pueblo consiguiendo a como diera lugar, una caja de plastilina.

Finalmente todo se resolvió y con un pequeño toque de copete y cola color amarillo, por fin había marioneta: un sencillo, pero hermoso pato acababa de salir de su cascarón.

Pensarán pues, que aquí termina mi historia, pero lo que sucede a continuación, fue para mi, lo mejor: salí, entonces con el emplumado pato a mostrarlo a mamá y papá y en ese momento todo allí se transformó, mi marioneta pasaba de ser un montón de cartón pintado pegado a hilos colgando, a ser el objeto de juego y diversión aquel día en mi casa, mi hermana cantaba la canción del pato, y era mi marioneta tan real, que hacía también que ella se asustara, sintiendo que un picotazo le iba a dar; a mi papá se le ocurrió la creativa idea de grabar un video y para esto consiguió cámara, música, un lugar apropiado y un retablo para hacer algo como lo que hacen, decía él, "con las marionetas de verdad"; mi mamá, sin duda alguna, mi mamá no paraba de reír, reír y reír viendo al pato caminar y bailar. Es  por esto que creo que la mejor forma de terminar mi historia es, dejando aquí ese video, en donde además de todo, es imposible ocultar la risa de mi risueña madre, que estoy segura, cada vez que lo vea reirá y reirá sin parar.

Es, entonces domingo por la tarde y esa, la aburrida e indeseable tarea que tanto se hizo esperar se acababa de convertir en una hermosa marioneta, en un hermoso y cómico pato que logró cautivarnos, hacernos reir, compartir y jugar.