Y…
¿todavía preguntas?
Y
todavía me preguntas ¿por qué quiero tanto a mis zapatos?, acaso no te has dado
cuenta que los zapatos, son compañeros gratos que abraza día a día tus pies con
fuerza y amor, zapatos bajos, zapatos altos, zapatos delgados y anchos, zapatos
hermosos y muy ridículos, zapatos casuales, elegantes, extravagantes… yo, solo
quiero a mis zapatos, esos que descansan toda la noche en mi ropero o a veces
debajo del pantalón tendido en el suelo después de un tedioso y fatigado día. Y
es que no hay nada más placentero que encajar el pie en esa perfecta medida,
porque solo los zapatos que tanto has usado se ajustan tan cómodamente al pie y
se convierten ya, en parte de ti.
¿Zapatos
nuevos?, para qué zapatos nuevos, si solo destrozan talones, martirizan callos
y torturan dedos, si no sirven para patear el balón del niño que juega en la
calle, tampoco para caminar en los charcos de un día frío y lluvioso, porque es
imposible negarlo, siempre tememos ensuciar nuestros zapatos nuevos. Y ni hablar
de las tiendas de zapatos en donde solo abundan las mentiras, pues los hay de
muchos colores, tamaños y sabores, pero después de calzar muchos, nunca
encontraras unos parecidos a esos zapatos que siempre has tenido.
En cambio
mis zapatos, esos que tanto quiero, acompañan siempre mi caminar, no importa si
hay polvo, agua, tierra, barro, piedras o si el camino es largo, solo me miran
desde abajo y sonríen al sentir cada paso, pues ellos son capaces de convertir la
tierra en su propio cielo y las grandes polvaredas en el más hermoso día
nublado.
Los
llevo a todas partes, al trabajo, al cine, al parque y como no tengo otros,
también los llevo a los bailes, pero… se han gastado mis zapatos de tanto
pasear con ellos por más que los cuide y acaricie con esmero, por más que les
haga mantenimiento. Daría lo que fuera porque me acompañaran toda la vida, pues
solo ellos acarician mis pies sin importar el camino, dirigen mis pasos y
soportan las largas calles a veces calientes, a veces muy frías, expresan mi
humor cuando de saltar de trata y cuando pisadas cautelosas en medio de una
travesura tengo que dar, de aquí para allá de lugar en lugar, de caminata en
caminata, junto a ellos la diversión nunca termina.
Pero
ha llegado el momento y allí están ellos como todas las noches, en mi ropero,
tristes por la despedida, porque saben que en su vejes han perdido el color, la
fuerza y el brillo, no quiero despedirme de ellos, porque aunque muchos pienses
que requieren ya un relevo, son solo esos lo que yo quiero, pues para mi están
como prefiero, han sido mis fieles compañeros y aunque todo el mundo quiera, no
me despediré de ellos, solo unos pequeños agujeros que mandaré a reponer y quedarán como nuevos.
Y
todavía preguntas que ¿por qué prefiero mis zapatos viejos?.

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