jueves, 17 de octubre de 2013

Crónica 5: UN DÍA CON LOS JIMÉNEZ

UN DÍA CON LOS JIMÉNEZ

Gonzalo Jiménez es un campesino nacido en el municipio de Girón Santander, tiene 59 años y vive actualmente en la vereda Palo Gordo vía Zapatoca, con su esposa Mónica, sus dos hijos, Pedro y Antonio, sus dos nueras y  6 nietos. Todos los días el señor Gonzalo se levanta a las 4 de la mañana a “buscar la papita” como él lo llama y la papita en este caso es su inmenso cultivo de piña “oro miel” la más famosa en esa zona y la más apetecida en el mercado, por su excelente calidad y su delicioso sabor. La labor que desempeña este trabajador campesino es de mucha responsabilidad, pues está a cargo de aproximadamente 15 hectárea de cultivo. Sus hijos lo acompañan todos los días y cada uno de ellos está encargado de una labor importante, Pedro, por ejemplo, quien logró terminar el bachillerato en la escuela de la vereda, es quien tiene la responsabilidad de revisar diariamente el cultivo, hacer las pruebas pertinentes y decidir cuál será el producto químico que se usará para fumigar las plantas, “en esto influye mucho el cambio de color, la acidez de la fruta y la maduración que tenga” afirma Pedro. Mientras tanto Antonio está revisando cuales plantas están lo suficientemente maduras para sacar y empezar a sembrar nuevas semillas.

“La piña es un producto que sale fácil por estas tierras, porque la calor es provechosa para la plantica y las tierras áridas de por aquí son muy buenas para sacar buenos frutos” palabras de don Gonzalo. Todos los días transcurren muy parecidos en la finca de la familia Jiménez los hombres de la casa salen muy temprano a trabajar la tierra, las señoras además de preparar los alimentos y alistar a los niños para la escuela, se dedican a clasificar la piña que está recogida, y empacarla en cajones listos para ser trasportados al mercado, además de escoger las más bonitas y jugosas para ubicarlas en una pequeña mesa que ponen a orilla de carretera en donde venden el producto. Y así transcurre todo el día y cada día en aquella finca.

Después de una larga conversación con el señor Gonzalo, mientras con su pica y azadón mueve la tierra para sembrar, pues para él cada minuto de trabajo representa un minuto de vida; me confiesa que aunque es feliz con lo que hace, cada día es más difícil salir adelante con su trabajo, pues el cultivo de un producto como la piña es una labor delicada de sudor y dedicación y en el mercado se valora cada vez menos el trabajo del campesino. es por esto que los campesinos como Gonzalo Jiménez sienten que están siendo robados, maltratados y explotados “Es que la gente no valora, mano lo que uno hace y solo quieren que uno les regale el producto, a ver si se paran una horita aquí al sol y se dan cuenta como es de duro esto, ahí si pagarían el producto sin quejarse tanto por los precios, es que aquí la cosa se trabaja es con las manos, no con máquinas que hacen todo como en otros países”. Y tiene toda la razón este señor que con toda la dedicación y amor trabaja diariamente para que en nuestras ciudades y municipios tengamos un delicioso jugo, dulce, o plato de piña, cultivada por las manos de estos, nuestros campesinos.


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