UN
DÍA CON LOS JIMÉNEZ
Gonzalo
Jiménez es un campesino nacido en el municipio de Girón Santander, tiene 59
años y vive actualmente en la vereda Palo Gordo vía Zapatoca, con su esposa
Mónica, sus dos hijos, Pedro y Antonio, sus dos nueras y 6 nietos. Todos los días el señor Gonzalo se
levanta a las 4 de la mañana a “buscar la papita” como él lo llama y la papita
en este caso es su inmenso cultivo de piña “oro miel” la más famosa en esa zona
y la más apetecida en el mercado, por su excelente calidad y su delicioso
sabor. La labor que desempeña este trabajador campesino es de mucha
responsabilidad, pues está a cargo de aproximadamente 15 hectárea de cultivo. Sus
hijos lo acompañan todos los días y cada uno de ellos está encargado de una
labor importante, Pedro, por ejemplo, quien logró terminar el bachillerato en
la escuela de la vereda, es quien tiene la responsabilidad de revisar
diariamente el cultivo, hacer las pruebas pertinentes y decidir cuál será el
producto químico que se usará para fumigar las plantas, “en esto influye mucho
el cambio de color, la acidez de la fruta y la maduración que tenga” afirma
Pedro. Mientras tanto Antonio está revisando cuales plantas están lo
suficientemente maduras para sacar y empezar a sembrar nuevas semillas.
“La
piña es un producto que sale fácil por estas tierras, porque la calor es
provechosa para la plantica y las tierras áridas de por aquí son muy buenas
para sacar buenos frutos” palabras de don Gonzalo. Todos los días transcurren
muy parecidos en la finca de la familia Jiménez los hombres de la casa salen
muy temprano a trabajar la tierra, las señoras además de preparar los alimentos
y alistar a los niños para la escuela, se dedican a clasificar la piña que está
recogida, y empacarla en cajones listos para ser trasportados al mercado,
además de escoger las más bonitas y jugosas para ubicarlas en una pequeña mesa
que ponen a orilla de carretera en donde venden el producto. Y así transcurre
todo el día y cada día en aquella finca.
Después
de una larga conversación con el señor Gonzalo, mientras con su pica y azadón mueve
la tierra para sembrar, pues para él cada minuto de trabajo representa un
minuto de vida; me confiesa que aunque es feliz con lo que hace, cada día es
más difícil salir adelante con su trabajo, pues el cultivo de un producto como
la piña es una labor delicada de sudor y dedicación y en el mercado se valora
cada vez menos el trabajo del campesino. es por esto que los campesinos como
Gonzalo Jiménez sienten que están siendo robados, maltratados y explotados “Es
que la gente no valora, mano lo que uno hace y solo quieren que uno les regale
el producto, a ver si se paran una horita aquí al sol y se dan cuenta como es
de duro esto, ahí si pagarían el producto sin quejarse tanto por los precios,
es que aquí la cosa se trabaja es con las manos, no con máquinas que hacen todo
como en otros países”. Y tiene toda la razón este señor que con toda la
dedicación y amor trabaja diariamente para que en nuestras ciudades y
municipios tengamos un delicioso jugo, dulce, o plato de piña, cultivada por
las manos de estos, nuestros campesinos.
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